No se hace historia renegando del pasado. Aspiro a estar en la convención constituyente para ayudar a escribir una Constitución que nos emocione y de la cual nos sintamos orgullosos. Una Constitución que establezca derechos que no sean letra muerta. Y también para recordarle a los olvidadizos los horrores a los que sobrevivimos y a los soberbios que la historia no comienza con ellos.

He cometido también errores en mi larga trayectoria política. Los he reconocido y he hecho la autocrítica correspondiente. Por ello enfrento este desafío con la conciencia tranquila y la frente muy en alto.

Tengo trayectoria y experiencia. Conozco bien los debates constitucionales de otros países como Brasil, Colombia, Bolivia y Francia.

Cuento con el apoyo de mucha gente en cada una de las 26 comunas del distrito. Conozco a muchos alcaldes, concejales y dirigentes sociales. No soy un desconocido ni un recién llegado. Todos los que me conocen saben que soy una persona decente, trabajadora, responsable y que tiene una obra importante que exhibir.

Como senador, fui protagonista de muchos debates que se adelantaron a su época. Por ejemplo, la ley de filiación, que terminó con los hijos naturales, y también la ley de divorcio, que puso fin al cinismo de las nulidades.

Protagonicé la primera discusión en el Senado sobre aborto enfrentándose al actual Ministro de Justicia Hernán Larraín, que buscaba aumentar las penalidades aplicables a las mujeres por abortar. Luego de ese debate, la moción del Senador Larraín debió ser archivada.