La responsabilidad del Frente Amplio

Por Carlos Ominami

El Frente Amplio representa una promesa incumplida. Su proyecto de constituir una opción alternativa a Chile Vamos y a la antigua Nueva Mayoría está en cuestión. Como expresión política de las grandes movilizaciones del 2006 y el 2011 emergió con fuerza abriendo grandes expectativas de renovación del cuadro político nacional. Constituido formalmente en enero del 2017, debutó con un buen resultado en las presidenciales de ese año encabezado por Beatriz Sánchez. Sin embargo, de ahí en más su historia ha sido más bien la historia de sucesivas rupturas o renuncias: de los partidos Humanista y Ecologista Verde, del alcalde Sharp y más recientemente de los diputados Natalia Castillo y Pablo Vidal y del Partido Liberal y los diputados Mirosevic y Bernales.

Las declaraciones recientes de sus dirigentes, especialmente las del diputado Jackson, que considera “más natural una alianza con el PC que con la ex Concertación” dan la razón a quienes rompieron recientemente con el Frente Amplio argumentando su estrechamiento y ubicación en un rincón de la política nacional.

La alianza con el PC es una opción legítima que implica, sin embargo, una renuncia explícita a construir una coalición mayoritaria. Es también el reconocimiento del fracaso del proyecto de sustituir a los partidos históricos de la izquierda. El Frente Amplio siguió una política muy semejante a la de Podemos de España bautizada como el “sorpasso”. El objetivo explicito era reemplazar al histórico Partido Socialista Obrero Español como fuerza hegemónica del progresismo español. No lo consiguieron y debieron resignarse a formar parte de un gobierno conducido por Pedro Sánchez, el líder del PSOE. En buena hora.

En el caso de Chile, la tarea principal es garantizar el éxito del proceso constituyente. Para ello es crucial la unidad de las fuerzas progresistas para alcanzar el quórum necesario para que la nueva Constitución responda a las aspiraciones manifestadas por el movimiento social. En ese cuadro debe insertarse la legítima competencia entre las diferentes fuerzas progresistas. De concretarse, el privilegio de la dimensión identitaria en desmedro de la unidad opositora tendrá consecuencias ampliamente negativas. Para el país y también para las fuerzas que opten por ese camino.

Conocí de manera directa intentos en el pasado de constituir nuevas fuerzas de izquierda. El MAPU y el MIR lo intentaron finalmente sin éxito. En el caso de este último, su política de separar tajantemente aguas con la Unidad Popular constituyó un error de trágicas consecuencias. No son situaciones comparables, pero la decisión del Frente Amplio de privilegiar la constitución de un polo de izquierda que se desentiende de la tarea principal podría nuevamente conducir a una derrota estratégica del conjunto de las fuerzas progresistas. Todavía estamos a tiempo para evitarla. Le cabe en ello una responsabilidad enorme al Frente Amplio.